sábado, 5 de julio de 2014

GILBERTO

Supongo que si yo hubiera muerto sola en el desierto no me habría gustado ser noticia. Supongo que si hubiese llegado a mi meta, a mi objetivo, a una tierra de promesas y oportunidades con solo 11 años, entonces me habría encantado ser la noticia que llenase los primeros minutos de los informativos a nivel mundial. Pero no, la noticia es la muerte, ahí es cuando convertimos al que ya era un héroe en un pequeño recuerdo inmortal.
No necesito escribir aquí o ningún otro lado para dar tregua a mi cargo de conciencia, no ha sido culpa mía. No necesito liberar mis demonios marchitos y egoistas en la figura de nadie. Solo quiero explicar a través de estas líneas, como paso a sentirme inmensamente dolida y cabreada conmigo misma en una de las épocas más complicadas de mi vida. De una vida privilegiada y envidiada.

Desde mi bonito sofá blanco frente a la ventana que da a mi piscina rumiando mis inquietudes y mis "problemas" intento enfocar hacia la televisión, cuando escucho y siento la noticia. Y me destroza la moral, se me cierran todos los poros de la piel y quiero llorar, es un momento de rabia total, de desamparo mental, de realidad asquerosa.
El niño de nacionalidad guatemalteca ha muerto por un golpe de calor intentando cruzar la frontera de USA como tantos otros. Tenía 11 años, iba solo, no llevaba camiseta, en la hebilla del cinturón un teléfono de un familiar ya residente en USA. Su objetivo era llegar a este país para poder ayudar a una madre enferma.
Lo encontró la policía, solo, tirado en una carretera.





Noticias como esta hay muchas, de niños, de mujeres, de guerras, de injusticias. 

Pero yo no me lo quito de la cabeza. Intento dormir la siesta, leer algo, analizarlo con perspectiva, compararlo con otros casos de similar dolor. No puedo. No puedo dejar de pensar en su intento de avanzar, de caminar solo. Debo estar loca. Bueno ya se que estoy desequilibrada. Me obsesiona su edad, tener 11 años es una gracia de la vida, no un cargo de responsabilidad, los 11 años son de las risas y los juegos, no para caer en el asfalto y morir sin nada a tu alrededor. 

Hacía una hora que había llegado a casa, con la mente llena de enfrentamientos. En mi mente se enfrentan las cosas, la toman como un campo de batalla y se dedican a luchar y competir. Yo no puedo hacer nada. Tomo dos paracetamoles, un ibuprofeno y lo que sea para dormir. Hay épocas de miles de batallas. Empiezan y cuando van a terminar se lían con otros litigios, me recuerda a una fortaleza asediada. Me asedian la mente los problemas de la vida de una mujer sin problemas, o sea, no tengo que llegar a ninguna frontera.
Que miserable me he sentido. 

Llevo días pensando en él. Yo que soy de tocar, me habría encantado tocarlo, acariciarle las manos sobre su palma para relajarlo, como yo hacía con mis peques cuando tenían fiebre. Cuando me llamaban por la noche. Total, se iba a morir igual, nadie es una puta noticia si sales vivo.

¿Por qué escribo esto una tarde de calor de verano a las 16h? Por ese calor. Porque el calor de 40º es insoportable, porque te agota física y mentalmente, porque cuando sudas y te sientes débil, te duchas y te refugias en el mejor rincón fresco. O bajo el aire acondicionado.

¿Pero si ese calor es lo que te va a matar?, ¿ y si no tienes alternativa? Morir cruzando un desierto a los 11 años.
Eso es un problema. Esa era la brutal y evidente realidad de Gilberto. Según cuentan algunas televisiones le dijo a su madre que era más barato que muriera él a que muriera ella.

Era su cuarto intento.

Aquí en muchas ocasiones frente a un reto solo lo intentamos una vez. Y tiramos la toalla. Todo en esta vida tiene múltiples perspectivas. Por supuesto.

Hace muchos años fui la secretaria del Comité Regional de UNICEF en Murcia. Por entonces no era madre. Pero si una histérica obsesiva por los derechos de los niños y de las mujeres. Recuerdo los proyectos y las ganas. Recuerdo los informes y los datos estadísticos.

No ha cambiado NADA, en 15 años desde aquello, no ha cambiado nada.

Gilberto me ha ayudado esta semana a encauzar mi perspectiva, a valorar mis problemas e incluso a sentirme agradecida por ellos, bajo mi aire acondicionado y metiendo mi culo en la piscina para no sufrir un golpe de calor mortal.




















lunes, 16 de junio de 2014

EL DELIRIO

Teníamos la piel muy morena, el pelo larguísimo, las risas contagiosas y las miradas de supernenas. Era verano y estábamos en un cine de verano. Entonces los veranos eran como los bombones, los saboreas, los saboreas y los disfrutas hasta decir basta.
La película nos dejó nokeadas, sentadas en las sillas metálicas rodeadas de frikis de verano nos dimos cuenta que habíamos crecido. Y cruzamos al Delirio y nos pusimos a beber montones de cervezas. La cerveza de la madurez.

El Delirio era el bar del verano. Los que lo recuerden, porque ignoro si existe o no, tenía el ambiente perfecto, con el estilo de playa de chanclas sin polo Lacoste, estaba en el lugar adecuado, con la edad adecuada. Ya solo el hecho de que se llamase El Delirio, decía mucho. El Delirio.

La película era un estupendo repaso a la historia musical de los delirantes 70, donde se construyeron la mayoría de las tendencias que luego se han reversionado, repetido y mitificado. The Doors, con un fantástico Val Kilmer en el papel de Jim Morrison. Una más que digna interpretación del libro de John Densmore "Rides on The Storm" dirigida por Oliver Stone.
Si el brutal Jim Morrison era un psicópata para algunos críticos, nosotras en ese momento eramos el Delirio.




Desde entonces, cada mes, alguna noche, sueño con Jim Morrison.

Sentadas en El Delirio mirando nuestras cervezas nos dimos cuenta de la que los hombres en su sentido general de consistencia son igual que las fondues de queso. Normalmente se parte de un buen material y variado. Una selección de quesos interesante y diversa, cada uno en su estilo y en su textura, composición y naturaleza. 
Hasta que los calientas.......,,, y si los calientas de más o no controlas la temperatura acaban todos en un empalagoso chicle de queso incomible. E irreversible. Conclusión on the records.

Y eso por una película, por un par de cervezas y con 18 años. Ni que decir tiene las extremadas conclusiones a las que hemos llegado 25 años después. O sea.

En El Delirio había gente de lo más interesante y sobre todo relajada. Ni discopub de verano, ni chiringuito escandaloso, ni bar de quinceañeros, ni tasca de fritanga. Un sitio con clase, con cierta madurez compositiva, es decir, con espacio-tiempo de sobra para desarrollar teorías de la naturaleza masculina antes de salir corriendo a Torrevieja a dejar por tierra la versión más fina de las chicas Morrison. Y con los únicos recursos de 200 pesetas y un Seat 127.

Porque Jim Morrison más borracho que sobrio, más loco que cuerdo, más etéreo que corpóreo nos dio la vida. Me consta lo muy infieles que le fuimos a Santiago Auserón, espero que nos haya perdonado. Ni juramos amor eterno, ni nos daba la gana de usar la fidelidad musical y menos nacidas en los 70. Solo en morbo, en cierta dimensión iconoclasta lo ha podido superar el gran Lenny Kravitz, pero el primero siempre es el que marca. Aunque en mi modesta opinión a este último no lo veo yo en modo chicle. No, no lo veo.





La cuestión es que muchos años después no solo hemos consolidado la teoría de la fondue de queso, si no que esta ha ido cogiendo fuerza con las nuevas generaciones. 
No se si aquella noche estábamos colocadas y todavía no nos hemos descolocado, pero vamos no veo la necesidad de descolocarse. Quién no tenga una teoría que levante la mano. Pero esta la discuto con quién sea, en el momento que sea, con la cerveza que sea y la versión delirante que sea.















martes, 22 de abril de 2014

LA AMAPOLA, BAUMAN Y EL "QUE TE LA PIQUE UN POLLO"

Esta mañana he salido de casa dispuesta a encontrar algo que necesitaba ver. He recorrido un largo camino por carriles de huerta, la vereda del río y algunos tramos de campo. Nada. No he conseguido encontrar ninguna.
Lo que buscaba y no he visto, era una amapola.
Ahora poseo una irritable frustración y me siento un poco sola.
Las recuerdo desde niña en las primaveras. Son mi debilidad. Por su fragilidad, su sencillez, su presencia efímera, su vulnerabilidad. Y especialmente por su enorme potencia vivencial. 
Cuando la vida tenía amapolas...
Cuando la vida tenía palabras y no emoticonos de mierdas con ojos, o caras amarillas o falsos besos en forma de corazón.
Es cierto hasta el dolor eso de que nunca valoramos lo suficiente aquello que tenemos, hasta que lo perdemos. 
Yo quiero ver una amapola.


¿Que es una amapola? Es un símbolo. Es mi símbolo. Adaptado a mi.

En los 80 las que teníamos más masa encefálica que tetas teníamos dos virtudes predominantes: las ganas de descubrir y las ganas de rebeldía. Yo recuerdo perfectamente que ante un chaval de tu edad, de cada dos frases, una siempre era la famosa, "mira guapo, que te la pique un pollo".  Brillante. Frase que claramente ha condicionado nuestros actuales símbolos. Cerrar etapas, romper barreras, madurar en las calles, no tener miedo. Y no tener emoticonos. Eso es un cuerpo amapola.

Porque he buscado en todos los móviles de mi entorno y a ningún capullo coreano o yanki se le ha ocurrido incluir la amapola como emoticono. Ja! deben de tener todos 30 años o menos. Madremía.

Anoche me preguntaban, ¿Define este momento? ¿eso de la modernidad líquida de Bauman y tal?. Me quedé flipada. La pregunta venía de un interesante estudiante de pedagogía de 23 años, directamente proporcional a su edad pero sin las gilipolleces de su edad. Y sin smartphone. 
Genial, pensé; he encontrado una amapola.
Según el libro de Bauman la tecnología, los mercados y la globalización han contribuido a que actualmente el ser humano se haya alejado de aquello que le mantenía unido, la sociedad. Ser independientes no es tan fácil, la liberación- emancipación, puede traer consecuencias a las que no estamos acostumbrados. Nos consideramos modernos, pero no lo somos. 
Pues a eso voy. ¿Volveremos a expresarnos con palabras?, ¿con las miradas?. ¿Sin pantallas?
Recomiendo leer el resumen del libro de Bauman.

Creo que cada vez que lo he intentado he fracasado. Creo que no creo. Creo que puedo y no me dejan. Creo que se puede pero no quieren.
Creo en la sociedad, no en los individuos asociales. ¿Sabemos respetar de igual manera al individuo y a la sociedad? Cuando no tratamos bien a los individuos, vamos mermando su entorno, su ámbito social y su pequeña vida.
El daño gratuito y el egoísmo. El Ok del whatsApp y el socorrido emoticono.

En fin. Mientras queden dos de 23 años con la cabecita amueblada y con educación, yo feliz. A estos no se la pica un pollo, a estos hay que mimarlos y protegerlos.   
A ver si alguien me añade ya de una vez el símbolo de móvil, "que te la pique un pollo, chaval". Sería cojonudo, sería adicta a él.















domingo, 6 de abril de 2014

SE LO DEBO

Si yo tuviera un castillo, como los de las highlands escocesas; robusto, fuerte, imponente e inexpugnable, lo organizaría de forma muy concienzuda y matemática para tener conmigo todo lo necesario y no tener que salir nunca de él. 
Entre mi lista de prioridades se encuentra encabezando esta con absoluta primacía, un cocinero. Si, un cocinero con imaginación. Paso de explicarlo.
Luego en segundo lugar tendría una bruja. Una bruja amable que saliera por las noches y me cantara canciones de amor tradicionales de los pueblos olvidados. De las viejas costumbres de las islas griegas, los poblados gallegos, los murmullos de los indígenas de las selvas amazónicas, de los sonidos de los desiertos africanos y sus gentes nómadas, de la tradición hindú, etc... Música de bruja para envolver una vida.



Para estructurar el espacio yo viviría en un torreón rodeada de una selección vanidosa y tierna de animales. Confío en los animales. Me gusta su naturaleza natural. Como tengo que hacer una lista para que cuando compre el castillo, el vendedor no me mire con cara rara, je, je ,je. He seleccionado un grupito de pequeños y especiales animales para vivir en completa armonía: muchas tortugas, ranas y ranos, dos pavos reales, dos pavos tropicales, una lechuza, seis galgos, varios mochuelos y un caballo.

El otro torreón lo llenaría de amistad. 
Esto me está resultando muy difícil. Parece mentira. He encontrado antes los pavos tropicales.   
Cuando echas unas risas con un buen amigo y que además tiene unas dosis enormes de ingenio y de sentido del humor sin complejos, aprendes que esto tiene dos claras ventajas; una, que no necesitas un motivo para las risas y otra, que tu autoestima siempre sale reforzada.
Hace años, un amigo de estas características me encontró. Directamente desde el minuto cero de nuestra amistad no dimos cuenta de que teníamos esa difícil afinidad de entendernos con las risas.
Luego el tiempo lo ha convertido en un sólido apoyo para mis proyectos con el castillo. Con tal franqueza y con tal lealtad que he pensado que no estaría mal agradecerle su confianza en mi. Y de paso nombrarlo coordinador del ala del castillo destinada a la amistad.

Llevo una semana dándole vueltas al "cuadro clínico de la felicidad", venía en el interior de una revista de contenidos frikis y casuals que me regalaron el fin de semana pasado. ¿Indirecta?, ¿directa? En este cuadro clínico se analiza todo el entorno de una persona para concluir que gasto energético realiza en formar su propia felicidad. A mi me sale continuamente que mi mayor gasto energético lo dedico a las risas con amigos. Me he quedado preocupada. ¿Esto es menos o más inteligente que dedicarse a la ayuda humanitaria o temas de beneficio social y tal?. Creo que soy algo egoísta con el tema de mi felicidad. Bueno en esto soy bastante estándar.




Borges escribe en su ensayo "La Inmortalidad" en junio de 1978, que creía en la vida eterna. "Seguiremos siendo inmortales; más allá de nuestra muerte corporal queda nuestra memoria, y más allá de nuestra memoria quedan nuestros actos, nuestros hechos, nuestras actitudes, toda esa maravillosa parte de la historia universal, aunque no lo sepamos y es mejor que no lo sepamos".


Con mucho cariño a mi amigo P.G.








miércoles, 12 de marzo de 2014

AMOR BRUTAL

Tengo la fórmula. 2+2=4-5=-1. Es la fórmula del Amor Brutal.
Tener la fórmula no me hace tener la solución. O si.
Gracias a la inteligencia, las personas, no la gente, pueden disfrutar del Amor Brutal.
Este, para el que no lo sepa, es el Amor característico de las vidas absolutas. Las vidas parciales tiene amores parciales, con parcelas, barreras, vallas, puertas, ventanas, salidas, entradas y toilettes.

El Amor Brutal es anticonvencional, por ello es brutal. No necesita formalizarse, ni perpetuarse, ni estabilidad, ni hipotecas, ni proyectos, ni siquiera, en ciertos casos, estar cerca. Lo mejor es su equilibrio, su control sobre las fronteras de la afectividad. Controlando las fronteras, controlas su movimiento y en el movimiento está la clave. Nada estancado produce energía, todo lo que se mueve produce toneladas de actividad: las olas, los vientos, los terremotos, las miradas.

Me gusta porque es permanente en la Historia del Arte, alguien como mucho acierto convirtió a algunos artistas en amantes brutales.

El único problema del Amor Brutal es saber reconocerlo. Una chica de clase, un hijo, un padre, un hombre distinto, esa vecina, aquel recuerdo, la primera novia, la última, la chica de ayer, el chico de la moto... 
Nunca volverá a repetirse, será el único. 

Había una escena  de una película que me sangraba la mente. No voy a decir qué película porque condiciona el mensaje.... "Ella está dentro del coche. Llueve, está completamente loca de amor, él aparece en otro coche, su amor, este coloca la mano sobre el retrovisor con un mensaje para ella, y después de instantes de desesperación, se aleja. Y todo acaba". 
El Amor Brutal. Sin mentiras. ¿Para qué vas a mentir en el amor brutal?

No espero que nadie lo entienda. Espero que todos puedan vivirlo.

Ya lo dije una vez. El amor está muy banalizado. Y mal comprendido.
Vamos por ahí pensando que el sexo, el ligue, los piropos, las palabras con tacto, el cariño, las pasiones, los flechazos, la tensión sexual y todo eso... deben formar parte del amor. Pero sinceramente, ¿el Amor Brutal necesita de todo eso?, creo que no.
Necesita el susurro de la verdad, de la verdad absoluta, sin prejuicios. Susurrar Amor Brutal debería enseñarse de padres a hijos, estar preparado, prevenido, saber que existe, que puedes disfrutarlo.
Lo bueno, lo increíble es  que siempre permanece, sin ñoñerías, sin reproches, es intrínsecamente féliz, es la experiencia. La experiencia.

¿Y si nunca lo vives? ¿y si no sabes encontrarlo?

No pasa nada. 

Si yo no te lo cuento, como a mi me lo contaron. Ni te habrías enterado.


















Simone De Beauvoir decía en “El segundo sexo”: “La mujer no es nada más que lo que el hombre decide que sea; así, se le llama “el sexo" queriendo decir con ello que aparece esencialmente ante el hombre como un ser sexuado: para él, ella es sexo, y lo es de un modo absoluto. Se determina y se diferencia en relación al hombre y no en relación a lo que ella misma es; ella es lo inesencial frente a lo esencial. Él es el sujeto, el absoluto: ella es "lo otro".

lunes, 6 de enero de 2014

MI MENTE ES NÓMADA

Mi mente es nómada. Es un hecho constatado. Solo ella. Una mente que necesita moverse, dar vueltas y giros, chocar y rebotar. Buscar espacios cálidos, inhóspitos, zonas de confort y tierras desconocidas. Una mente nómada alejada de lo real en muchas ocasiones, incapaz de centrarse, de echar el ancla. 
Mi mente crece en forma de ciclón, se mueve constantemente. Si ella pudiera negociaría la venta de estrellas, la recolección de arena, la siembra de sonrisas, fomentaría la búsqueda del ónix, la mezcla de sangres, multiplicaría los colores.. en fin, me acosa y me destruye. 
La he puesto en tratamiento. Le estoy aplicando un tratamiento semanal, combino silencio con realidad. Realidad de la buena, de la dolorosa. No se lo que espero. Tampoco quiero cambiarla. 

No reacciona, cada vez es más nómada.

Hace muchos años mi mente y mi cuerpo tuvieron un encuentro especial. Viajaba por la India cuando visité un templo. Calor seco, abrasador, sonidos y olores complejos, gente extraña, sensaciones de descubrir y ganas de perderme. La luz insolente del desierto entraba por las celosías convirtiendo el templo en un lugar silencioso, tranquilo, muy mágico y sereno. Era más bien pequeño, al fondo un altar, sin nada, sin nadie. Columnas y arcos para un lugar de recogimiento. Se podía pensar, pensar hasta el dolor. 
Creía que estaba sola. Pero no, de un rincón salió una anciana. Una anciana de la India. Como un símbolo, posiblemente era una piedra más y yo veía a una anciana.
Estaba sentada en el suelo, como es habitual en el país, en una esquina oscura, rodeada de pequeños rosarios. Se acercó a mí y me sonrió, su sari estaba muy sucio, su piel era tierra, sus ojos eran agua y era muda. 
Nos quedamos un momento de pie, una frente a la otra. Yo sin poder dejar de mirarla, ella moviendo sus manos entorno a mí, hasta que me tocó. Me acariciaba los brazos y la cara y me bendijo colocándome un pequeño pegote de tierra en mi frente, color mostaza, como ella. 
No quería dinero, solo quería mi compañía.
Me senté junto a ella. Cogió mi mano, puso la suya sobre mi palma y la acarició de arriba abajo, rítmicamente. Como un mantra eterno. Así estuvimos mucho rato. 

El único momento de mi vida que mi mente dejó de ser nómada.



Tengo una foto saliendo de ese templo. Llevo una camiseta verde militar, una falda roja corta y voy descalza. No llevo nada, ni bolso, ni mochila, ni nada. Levanto los pies con ese gesto natural al quemártelos con el suelo. El pelo en un moño y sonrío. Siempre he pensado que es la sonrisa de la liberación. 

Después de la foto, me echaron la bronca. Nadie de mi grupo me encontraba, se estaban preocupando, había que volver.

Y ahora muchas veces vuelvo a ese templo. Porque quiero necesitarlo, porque la añoro, porque ella no me conocía y me acarició. La sucia anciana de la India. 

Ella nunca pudo saber lo mucho que me gustó estar junto a ella. El vértigo que he sentido después de tener que utilizar las palabras para todo. 
Ella no tenía palabras y me alegro infinitamente que no las tuviera. 

Si mi mente no fuese errante yo seguramente me parecería a la versión errónea de mi. La dejo vagar, total, eso me llevó al templo de la India. No mis pies sino mi mente. La necesidad de buscar constantemente.




Dedicado a todos los viajeros.











domingo, 3 de noviembre de 2013

LA GENERACIÓN DEL ORFI. SEXO IMPACTO

Tras su sonado divorcio V. ha tenido varias relaciones estables. Esas que duran 3 días, 10 minutos y dos tapas. De las que siempre consigue  dos collares de Tous, con oso incluido. Es divina. Maneja las relaciones como nadie. Se sitúa en una órbita donde los aspectos del corazón los cuida a base de caldos de sobre y gelocatiles, para evitar ardor de estómago y espasmos de jaqueca. No cree en el amor, cree más y más a menudo, en la madurez emocional, para evitar choques frontales, dice. 

Nos sentamos en el café y se la ve agotada. Para variar no lleva un bolso grande con montones de extractos del banco, dice que no sabe que hacer con ellos y los acumula. Lleva una mochila de tela anodina, inapropiada. De Pokémon.
Esta mañana parece más menuda, un poco más cuarentorra. 
Dice que ha intentado hacer un análisis de los tipos de sexo.

¿De los tipos de sexo?, - le pregunta MJ. 
Será de los tipos de tipos...

No, hablo de los tipos de sexo.- Dice completamente Gilda quitándose el guante.

¿Y cuantos tipos hay?,- le pregunto con una curiosidad malsana. Sus teorías son siempre delirantes, hasta el punto, que una vez clasificó a sus vecinas por los gemidos nocturnos comparándolas con las diferentes catedrales góticas de España. Ese día, le hicimos la ola sesenta veces.

Bueno,- dice. Suspira y se sienta en el borde de la silla muy concentrada.

*Está el sexo rápido. O sea.

Este lo comprendemos enseguida. No dice más y todas asentimos.

*Está el sexo torpe. Ni la postura adecuada, ni el lugar adecuado, ni el momento adecuado, ni las bragas adecuadas, ni el día oportuno, ni por supuesto el colega. Es ese hombre que quiere y no puede, que te gusta y te disgusta, que le das la oportunidad y de repente parece un sapo. En fin, te quedas con la misma cara que Madonna cuando le sale un gallo, es decir, te quedas gilipollas.




MJ. se ha puesto colorada. La miro de reojo. Aprieta la funda de su móvil con alevosía. 

*Está el sexo cadencioso y armónico. El SEXO. Si, eso, como una peli mala, con un guión bueno, con actores excelentes y la banda sonora de Memorias de África en alta definición. Lo peor es su escasez, lo mejor el tiempo que lo revives y lo recuerdas. Pasa alguna vez chicas, dice solemnemente. 

La miramos perplejas, e incluso un poco asustadas. ¿Pero de qué coño estará hablando?

Sigo,- dice tras crear un ambiente de pastel rosa y olor a algún perfume de la casa Nina Ricci.

*El sexo oriental y reflexivo. Ese me encanta. Dura horas, tantas que das varias cabezadas e incluso un huequito y te haces un repaso en la laca de uñas. Es relajante y tiene mucho de inspirador. Te sientes como en un palacio de la lejana India, rodeada de estímulos. Muy estimulador. Y, aburridísimo.

*Y el sexo impacto. Lo acabo de descubrir. El sexo impacto tiene mucho de pressing catch. Pero es muy unidireccional. Es como ese momento que empiezas a hacer spinnig y desde el primer minuto no te cabe la lengua en la boca, las piernas te tiemblan tanto hasta que su hormigueo te marea. Tiene algo de momentazo porque te suena a energía y a cabalgada histórica. A la media hora te gusta, a las dos horas y media quieres dos redbulles con tónica y a las tres horas y media sueñas con una nave espacial que te succione sin dolor y te traslade discretamente a un sección de colchones de Ikea, como si nada hubiera pasado.  

En fin, dice cabizbaja. O no tengo el cromosoma adecuado, o no tengo posibilidades de repetir.

No abrimos la boca. 

Imaginamos todas los millones de tipo de sexo del planeta. Las situaciones degradantes para miles y miles de mujeres, la mierda mal entendida y las vejaciones, todo lo negativo de algo que debe ser un placer y acto de entrega y "amor", buen rollito y respeto.

Pero nos cuesta imaginar a nuestra V. salir derrotada del sexo impacto. 
No podemos dejarla así. La prepararemos, seremos sus coachs, haremos de ella la mejor, la señora con más impacto del mundo. Por lo menos que tenga su derecho a réplica. Sin más accesorios que su cabecita inteligente, esa que siempre la predispone a conquistar al hombre inadecuado y sale airosa sin arañazos, sin remordimientos ni autocensura.