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domingo, 21 de septiembre de 2014

COSMOPOLITA

Estoy completamente cosmopolita, siento, pienso, divago, paseo como posesa cosmopolita. Mis pestañas tienen sentimientos cosmopolitas, mis caderas, mis dedos al tocar. Las texturas de mi alrededor tiene aire de ciudad, todo parece tatuado, con marcas de guerra. Cosmopolita es mi pelo, cosmopolita es mi mirada, cosmopolita mi forma de andar. Aparto todo lo que es limitado, para solo dedicar mi energía a lo grande. 





A esos que se sientan en un café y miran su taza como planeando una seducción, nada al azar. Esa gente cosmopolita que no tiene apellidos, que no tiene marcas, que no tiene tendencias, que no tiene paredes, que si tiene un mundo para describir, que si tiene música en la horas muertas, que si tiene ganas, que si tiene tiempo, que no tiene prejuicios.

Tengo cosmopolita la razón, ahora más que nunca. No tengo intención de tener absurdas conversaciones no cosmopolitas, no tengo intención de vender mi alma al diablo vestido de puta.




Tengo cosmopolitas las ganas. Tengo que subir, avanzar por enormes calles, por avenidas kilométricas, tengo que entrar en los museos, en las bibliotecas, en el mundo de los que nacieron para enseñar. Para ofrecer. En el mundo de la experiencia. 

Cosmopolita es mi cuerpo, cosmopolitas son mis intenciones.  

Y sobre todo que tenga una acojonante seguridad cosmopolita. 




miércoles, 1 de febrero de 2012

CIUDAD-ANOS

Observamos con distancia la evolución de nuestro espacio urbano. Aceptamos como buenas o como posibles, las imposiciones administrativas, políticas o gubernamentales. Encajamos como podemos el vivir en ciudades no adaptadas al hombre, a su movilidad y a sus necesidades: entorno-persona.
Compartimos esa fealdad permanente que rige los nuevos conceptos estéticos, donde nos engullen más los aspectos comerciales que los artísticos. Es decir, predominan fachadas de famosos comercios y la estética la marcan los escaparates de Zara o Fnac.
Dejamos por imposibles las cuestiones patrimoniales dotándolas de lastre económico e incultura colectiva, sin normativas firmes y tajantes de conservar y proteger.
Pero no siempre fue así, de hecho para los que amamos el Arte, la ciudad, en un principio, fue la determinante del Arte.
Cuando el hombre sin saberlo convirtió la urbis en el escaparate más perfecto de la estética y la belleza.

Todas las civilizaciones antiguas compitieron por crear, con estilos muy diferentes y fines diversos, ciudades monumentales.
En el Imperio Romano, el concepto de la ciudad creció directamente dependiente de un concepto humanista. Todo lo que originaba, el orden, la composición, la estética, los espacios, estaban vinculados a parámetros de ciudad- práctica, pero bella. Las primeras intenciones de crear un Arte en si mismo, unos espléndidos y inigualables precedentes urbanos, orientados a embellecer las ciudades. Siempre fue más importante el exterior que el interior.

La conciencia colectiva de mantener un entorno rico y que enorgulleciera a sus habitantes, una sensibilidad alejada de cuestiones religiosas o profanas, la cual esgrimió unos modelos arquitectónicos, que aún hoy seguimos estudiando y validando como cánones perfectos.
Maravillosas columnas sosteniendo impresionantes frontones, obeliscos, portas, templos, mausoleos, teatros, foros, circos.
Hoy visitamos boquiabiertos lugares de excelentes virtudes técnicas, precisas, secuencias rítmicas, solemnes, grandiosos. Y que fueron transmitidos de época en época, siglos tras siglos.
En el Renacimiento, se recupera esa concepción tan arraigada en épocas griegas y romanas, de la definición del espacio urbano como espacio estético. Plazas y escultura urbana, recordemos que el famoso David de Miguel Ángel nació para estar ubicado en el exterior, cuajadas de una sensibilidad donde Arte y entorno urbano caminan paralelos.
Se planteaba la primacía absoluta de la belleza formal frente a cualquier otra consideración.
Desarrollo y reacciones a un clasicismo que sometido a principios de un idealismo supuso un reto para artistas y mecenas.
El Barroco, fue sin duda la expresión máxima del Arte urbano, solo una, UNA, de la fuentes concebidas en la ciudad de Roma, es sin matices, el ejemplo más firme de ciudad bella.


Y así crecieron las grandes ciudades en todos los periodos artísticos, todo movimiento implica una evolución. La escala estética proporcional a la virtud humana.

Y ahora...

Ahora necesitamos ciudades de supervivencia, donde no ser absorbido por el tráfico y sus derivados.
Ya no buscamos conceptos estéticos y, si los buscamos, no tienen criterio humanista. Ahora la premisa es consumista, de mercado, no se rigen por estéticas conjuntas.
Las rotondas de nuestras ciudades alardean de mamotretos escultóricos de dudoso gusto y poco consenso.
Los nuevos espacios, como plazas, barrios, avenidas, conjugan criterios basados en lo practicable, o con suerte disponer de escasas zonas verdes, de difícil mantenimiento. Coexistimos con una necesidad de volumetrización de la ciudad, tanto desde el punto de vista constructivo como perceptivo. Volumen y más volumen, sin ningún criterio.
Sin duda no podemos volver a estéticas del Renacimiento, ¿pero, podemos recuperar de alguna forma los principios de conmensurabilidad, la belleza basada en la armonía?
¿Son armónicos nuestros espacios urbanos?
Los que nacen nuevos, ¿tienen una estética que pueda formar parte de las corrientes artísticas? ¿Que queda de la ciudad y su Arte en los nuevos barrios y urbanizaciones?
Suponemos que hay un nuevo canon, el Centro Comercial.

Pero hemos tenido suerte, en el ámbito urbano ha surgido un nuevo elemento que está ayudando mucho a la elevación suprema del concepto “ciudadano” .
Yo los he definido los CIUDAD-ANOS.
Y sí, si es lo que parece, me refiero a ellos como los elementos “tontos del culo”. Son directamente proporcionales a los anos más desagradables del planeta, son anos, sólo eso. No tienen cerebro, ni corazón, ni alma, ni siquiera tienen ojos, no. No tienen nada que les proporciones una condición digna.
Ya que indigno y lamentable es a lo que se dedican.
Las pintadas.

Esas decoraciones maravillosas que inundan nuestras calles y nuestros monumentos, nuestros rincones favoritos, nuestras plazas y todo aquello que debemos cuidar y defender como civilizados y racionales pobladores de las ciudades.


No me imagino Florencia pasando por esto, allí están orgullosos de sus fachadas, sus fuentes, sus palacios, sus iglesias, tienen o deben tener ese orgullo de tradición, historia y educación, por no decir “respeto”.

Les deseo lo peor la verdad. Paso de cortarme un pelo. Lo peor.

jueves, 1 de septiembre de 2011

LA DIVINA DESPROPORCIÓN

¿Que es exactamente la proporción de las cosas?
¿Es bueno que todo esté proporcionado, en su justa medida, en el tamaño ideal?
No. Ser desproporcionadamente rico, no debe estar nada mal.
En muchas cosas un equilibrio es bonito. Un cuerpo humano proporcionado, en armonía, dota al que lo posee de cierto estatus de cuerpo Danone, de bienestar mental, a la par del bienestar de encontrar tu talla a la primera.
De esto existe mucho escrito, teorías y justificaciones de todo tipo.
Retomar el mito de que los antiguos griegos estaban sujetos a una proporción numérica específica, esencial para sus ideales de belleza y geometría. Estos, aseguraban que la proporción conducía a la salud. Ser simétrico es más sano, en fin.
También conocida como la Divina Proporción, la Media Áurea o la Proporción Áurea, este ratio se encuentra con sorprendente frecuencia en las estructuras naturales así como en el arte y la arquitectura hechos por el hombre, en los que se considera agradable la proporción entre longitud y anchura. Agradable, estoy de acuerdo.

Pero vuelvo a la desproporción.
La desproporción del Surrealismo por ejemplo, planteó un nuevo orden en el arte, en el concepto de belleza. " Las Señoritas de Avignon" obra del genial Picasso,  son de evidente hermosura en su intencionado caos, en el supuesto desorden de su composición, en su anarquía.

Yo he descubierto el placer de la desproporción.
La desproporción de mi obsesión radica en el ansia. El ansia de metamorfosearme en asfalto.
Las ciudades gigantes producen en mi un placer infinito.
Enormes avenidas que no tiene fin, alturas imposibles desde donde intentar alcanzar el cielo. Barrios, más barrios, arquitectura corriente, edificaciones excepcionales, rincones acogedores, retros, espacios de luz, de vida, de soledad, incluso.

Las secuelas de un skyline son bastante poco digeribles, ya que las comparaciones son odiosas, muy odiosas. Las secuelas de un skyline son desastrosas, no puedes quitar de tu mente esas millones de luces  y la energía que irradian.
Me encuentro en el momento oportuno en lo más alto de la ciudad, desaparece el sol y comienzan a surgir millones de luces de todas las intensidades; no puedo hablar, me cuesta pensar, tengo unas ganas tremendas de llorar. Hay mucha gente, me empujan, se apretujan contra la barandilla, pero predomina el silencio. Yo estoy colgada, estoy tremendamente colgada y miro hacia todos lados, hay mucho espacio ante mi y me siento pesada, me encantaría volar.
Es lo que he deseado durante mucho tiempo, un skyline, y lo tengo delante, el de NYC.


NYC Agosto 2011,  foto de Hemult Elliott PP

Ahora que lo tengo tan lejos me encuentro con disfunciones varias, (bueno algunas nunca funcionaron bien), tristeza sintomática, estrecheces y mal humor general. Espero encontrar pronto una compensación eficaz, ante tanto mal rollo.
Al volver a la ciudad pequeña he perdido mi libertad, duró poco, pero fue fantástico.
Pederse es poco habitual en una ciudad de tamaño pequeño, es bastante complicado, es imposible.

Los extremadamente urbanitas como yo, deberíamos, perogrullada a parte, poder vivir en la ciudad que nos retroalimente, una "urbe creativa". Hace más de un lustro el escritor Richard Florida teorizó sobre este término, exponía que la clase "creativa" aceleró el crecimiento económico de algunas urbes en Occidente.
La capacidad de una ciudad de sostener un estilo, basado en la cultura colectiva y la convivencia. La ciudad  te retroalimenta y tu la alimentas a ella. Un medio fácil donde vivir y desarrollarse, un ámbito que pueda prolongar tu personalidad y enriquecerla. No bloquearla.
Es fascinante que eso ocurra.

Yo muero por encontrar, de una vez por todas, esa clase "creativa" en mi ciudad. La que innova, la que rompe esquemas, la que se arriesga, la que fluye entre tópicos y vanguardias, la que no tiene miedo, la que grita, la fuerte, la que tiene clase, grupos variados pero sólidos, sin las habituales envidias, dejando hacer, construyendo. A ver si eso me hace olvidarme de que no tengo ni una pizca de skyline.


¿Todos vivimos en la ciudad que hemos elegido?
Bastante imposible. Ninguna es perfecta.


sábado, 25 de junio de 2011

PLACES AND TOWNS

 
Yo no tengo, ni he tenido, una granja en África.
Pero he podido sentir los alisios en la costa de Mombasa. Los vientos más sensuales del planeta. Cálidos, susurrantes, hipnóticos. Como Mozart, como un clarinete. Configuran en la gente un estado de permanente lentitud, de miradas profundas, no existen las miradas planas en las costas de Kenia, todo tiene luz y color.

  
Yo no tengo, ni tendré, una pirámide en el Yucatán.
Pero he sentido el atardecer de lunas brillantes, más espectacular creado por el hombre, sobre la selva de Chichén Itzá. El enigma de la historia unido al poder y misterio de las piedras. La magnitud de todo, su fuerza aplastante, como si tu conciencia rechinase por el peso de ver algo tan bonito, tan magnético, tan diferente a todo, con tanta dignidad.

Yo no tengo, ni podré tener un zoco a orillas del Mediterráneo.
Pero he paseado por las estrechas y enigmáticas calles de Kairuán, la ciudad más santa del Magreb.  Con su imponente y silenciosa mezquita, tan antigua como hermosa, tan fuerte. El azul del mar y las secas tierras de Túnez, con esa sorprendente cercanía a mi tierra, entrañable y sorprendente.
Y Cartago esencia arqueológica, totalmente respetada, venerable, cuajada de historia, de leyenda de verdad.

 
Yo no tengo, ni me dejarán tener, un pub en Whitechapel.
Pero si he tomado en uno de ellos, la cerveza más caliente, larga y placentera de mi adorado Londres. La ciudad de mis desvelos juveniles. La victoriana ciudad, de la que viví enganchada con mis novelas de Wilkie Collins. La ciudad de la cultura, del mestizaje, de lo "under", de lo "ground". La ciudad perfecta para pasear, para convivir.

Yo no tengo, ni seré digna de tener, un TAJ a orillas del Yamuna. TAJ significa Corona.
Pero he vivido una subyugante y mágica puesta de sol en la ribera del Yamuna, sentada en la terraza del Taj Mahal. Tiene ese lugar un espíritu vivo, esa espiritualidad que te convierte en pequeño, frente a la fortaleza de lo eterno. Porque la India es completamente eterna, bella y brutal. La India es la vida.


 
Yo no tengo, ni puedo tener, una ciudad entre dos continentes.
Pero he recorrido el Bósforo, navegando por sus aguas, como si todas las culturas que recorrieron nuestros pasados confluyeran en mi: persas, romanos, otomanos, cristianos, judíos, árabes. Mezquitas, palacios, bazares, torres, puentes, mercados. La ciudad de las ciudades, la que para sí quiso Napoleón, que dijo, “si la tierra fuese un solo estado, Estambul sería su capital”. En la que yo, querría enamorarme.

Yo no tengo, ni jamás fue mío, un palacete en el Fiésole.
Pero si he vivido en las ciudad más bonita jamás inventada. Donde vibras y respiras con el aliento de la perfección, el arte más perfecto. El David, Bruneleschi, La Primavera, Dante, Miguel Ángel. Donde llegué siendo cuerpo y niña, de donde partí siendo alma y mujer. Mi ciudad.




Pero si tengo......

El Imafronte barroco más relevante del arte español. La ciudad de las plazas, de la calidez, de la conversación en las esquinas, de los adarves y las cañicas.
Una ciudad cada día más viva y participativa. Con muchas ganas de crecer. De aprender a respetar lo legado y transformarlo en cultura.
Porque esta ciudad está llena de cultura. La agenda está completa, los festivales, las exposiciones, las iniciativas de los pequeños, las iniciativas de los poderosos. Los nuevos y valientes centros de creación artística, los nuevos bed and breakfast, la nueva gastronomía. Espacios para fotografía, para música, danza, para niños, de interpretación. 
La ciudad que no se resiste a ser periférica. Sin el p---  AVE, sin el gran museo de reclamo, sin la capitalidad europea, sin abundantes gestores culturales, todavía endogámica, sin carril bici......, sin ser bonita.
La pequeña ciudad que está realizando un intenso esfuerzo por compaginar tradiciones y vanguardias, luchando por destacar y no ser olvidada.
La ciudad que lo puede tener todo, y lo debe tener todo.