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domingo, 18 de septiembre de 2011

EL WhatsAppolvo

No es un sistema automático de limpieza avanzada que absorbe hasta la última mota de polvo del hogar.

No es un completo planchado de pelo que aparte te succiona el polvo subyacente y te da un brillo milagroso.

No es un enlace a las visitas turísticas que contienen las leyendas urbanas más directas, para conseguir un amante.

No es un coctél de polvos gelatinosos con virutas de champagne acompañadas al estragón.

No es el último modelo de la colección Dior de gabán guardapolvos, para salir las tardes de chirimiri.

No es un sistema radiocontrol para avisar a navegantes en las zonas costeras del polvo en suspensión africano.

No es una nueva versión de la expresión murciana de ¡¡que pasa viruta!!.

No es un protector laminar superadherente para la pantalla del Ipad o del Iphone.

No es un sombrerito diseño japonés para proteger del sol y de los pólenes ambientales de la primavera.

No es un sistema médico de diagnósis para cuantificar la cantidad de polvos que uno echa al año.

Ni tampoco es un sistema médico de diagnósis para los alérgicos.

No es un complejo laminado de metacrilato en las playas de Canarias, como freno a las dunas móviles.

No es un una sistema de protección de las llantas de los jeep Green Power, para recorrer con los turistas los desiertos saharianos.

Ya he explicado lo que no es.

De todo lo relacionado con el mundo 2.0 o comunicación vía móvil,  soy devota convencida y por mucho tiempo espero estar a la altura de mi dependencia online.
Pero por lo que si que no paso, me niego en rotundo y jamás cambiare de opinión, es al WhatsAppolvo. Término que no voy a explicar, ya que lleva intrínseco su propio significado.
Como que lo veo venir. No me interesa.

La carne es la carne, el rollete es el rollete.
Con las cosas del sexo jamás se juega.
Amen.    




Foto expuesta en ArtMadrid 2011